La nueva amiga de mi mujer

La nueva amiga de mi mujer
Hace tiempo que mi mujer me habla de una nueva compañera de trabajo que ha llegado a sus oficinas. Ambas comparten un pequeño despacho desde el que gestionan el marketing de una gran compañía.

Su amistad ha ido creciendo por momentos, pues es, con diferencia la compañera con la que mejor se ha llevado jamás en su empresa.

Los comentarios sobre Andra (la compañera) son continuos: que si Andra es muy competente… Que si Andra es muy guapa,…que si tiene buen gusto…

Llegué a sentir celos en un principio, pero luego me dije a mi mismo: que coño! Quizás suene la campana y se lleve a cabo mi fantasía de un trío!

A partir de entonces, mis respuestas a los elogios de mi mujer sobre Andra, eran totalmente dirigidas a forzar un encuentro con esa diosa.

“Cariño, si es tan genial esa mujer deberías presentármela, no?”

“Amor, debería conocer a esa chica con la que te llevas tan bien…”

Cuando yo le comentaba esto, en el rostro de mi mujer se dibujaba un leve atisbo de celosía, pero rápidamente era ocultado por una sonrisa, mezcla de picardía e ilusión.

“Te gustará” me respondía.

Esas dos palabras se repetían en mis oídos como música celestial.

Finalmente, el encuentro se produjo.

Pasé a buscar a mi mujer por el trabajo en coche, un día de huelga de transporte público.

A pesar del intenso transito, llegué a la hora justa.

En la puerta me esperaba mi mujer, hablando con una compañera mas alta que ella y de figura espectacular. Ambas reían a carcajadas y se sujetaban una a la otra agarrándose por el antebrazo.

Mi mujer me saludó con la mano al ver mi coche y ambas se dirigieron caminando hacia a mí.

El tiempo se detuvo. Mi mujer caminaba sonriente escoltada por esa impresionante mujer de pelo negro oculta tras unas gafas de sol. Ambas contorneaban sus cuerpos al ritmo de una música imaginaría que sonaba en mi cerebro.

El paso alegre de las dos, la energía vital que desprendían y sus peligrosas curvas en movimiento ocultas tras unas minifaldas y chaquetas entreabiertas a modo de uniforme, hacían que todas las miradas las siguieran.

La puerta del coche se abrió y mi mujer dijo: cariño, esta es Andra.

Saludó esbozando una sonrisa y entró por la puerta de atrás en mi coche.

Mi mujer tras darme un beso me espetó indignada: “ni siquiera nos has abierto las puertas ni le has dado un beso a Andra. Donde están los caballeros??”

Yo me giré buscando a Andra pero ella se había adelantado acercándose entre los reposacabezas delanteros y ofreciéndome sus mejillas le dijo a mi mujer: “no pasa nada Marta, ya hace bastante tu marido viéndonos a buscar”

Cruzamos dos besos. Su mirada (ya sin gafas) con esos profundos ojazos mientras me defendía de los ataques de mi mujer hizo que casi me enamorara.

El trayecto hasta el domicilio de Andra se me hizo corto. mis ojos visitaban el retrovisor buscando esa mirada de Andra que me había cautivado. En esa búsqueda casi infructuosa, la visión de los senos de la diosa que asomaban por encima del ultimo botón de la camisa hacían que mi conducción fuera de todo menos precisa.

yo asentía a todo lo que me decía mi mujer, sin prestar la menor atención, pues estaba distraído en todos los movimientos de Andra, que se tocaba el pelo y se pintaba sus carnosos labios frente a un pequeño espejo cuando su imponente sonrisa (siempre presente ante los jocoso comentarios de mi mujer) se lo permitía.

Durante el viaje, y en un golpe maestro por mi parte, le dije a mi mujer: “Cariño, por que no invitamos a Andra a la villa de tus padres en la sierra?”

“Sii!” Dijo ella. “Nos lo pasaremos genial y quizás pueda presentarte algún amigo de mi infancia. Hay alguno muy guapo Andra!” le dijo guiñándole el ojo a nuestra acompañante.

Andra reaccionó con estupor y con un tímido “si, claro”

No le dimos importancia en ese momento.

Una vez en el destino, se despidió de mi lanzándome un beso con la mano mientras se agachaba ligeramente junto a la puerta de mi acompañante dejándome ver un poco mejor, sus grandes senos, mientras que de mi mujer se despidió dándole un fuerte abrazo.

Ya en el coche mi mujer me miró, vio mi cara de embobado y me dijo: “que? Cabrón! Te ha gustado mi amiga, eh?”

Y dirigiendo su mano a mi entrepierna continuó:

“Seguro que te ha puesto dura el mero hecho de tener dos mujeres como nosotras en el coche, no”

En efecto se encontró con mi miembro totalmente duro como una piedra.

Con una sonrisa dijo: “Eres un cerdo pero…. esto no puede quedar así”

Bajó mi cremallera, metió su fría mano en mi pantalón y extrajo mi miembro entre sus manos.

Pese a mi nerviosismo no reaccioné. Entonces ella empezó a hacer movimientos bruscos ascendentes y descendentes agarrando con fuerza mi polla mientras se mordía los labios.

“eres un cerdo, eres un cabrón…” me decía. “Seguro que te has imaginado a las dos comiéndote la polla de rodillas”

Sus palabras me estaban excitando.

“seguro que te imaginas besándonos mientras tu te corres en nuestra cara, cerdo”.

Miré a mi mujer que casi babeaba mirando fijamente a mi entrepierna. Sus pechos vibraban con las embestidas de su mano.

“Conmigo no se te pone tan dura mamón! Te han gustado sus tetas, eh!?”. Esas palabras y la presión de su mano sobre mi miembro hizo que yo estallara mientras golpeaba mi cabeza en el respaldo del asiento superado por las convulsiones. Varios chorros del leche salieron disparados antes de que mi mujer sorprendida por mi precocidad, decidiera meter todo mi glande en su boca en un intento de parar ese volcán. Varios chorros más golpearon en el fondo de su garganta provocando sonidos guturales de aprobación de mi mujer. antes de retirarse, se insertó toda la polla de un solo golpe para no dejar rastro alguno del crimen sobre mi pene. Se retiró lamiéndose las comisuras e intentando limpiar también los restos que habían impregnado el volante.

“Ya hablaremos de esto cabroncete” dijo con una sonrisa pícara como nunca se la había visto.

Al día siguiente, encontré a mi mujer triste y distante al volver del trabajo.

Al preguntarle por su desafección, ella me contestó con lágrimas en los ojos: “Andra…, Andra no va a venir”

“Andra me ha estado engañando”, “Andra….es un hombre”

Se sentó en la cama con las manos tapándole sus llorosos ojos. Yo me quedé de pie con la boca abierta.

Esa escultural mujer era en realidad un hombre!

Durante un minuto se hizo el silencio.

Creo que mi mujer se sentía decepcionada y confusa.

Entonces reaccioné: “Cariño, es normal que Andra haya ocultado su condición” “Además, cual es el problema?. Andra sigue siendo tu compañera, la que te hace reír, con la que compartes buenos momentos, no?. Vas a ser tu la que le juzgue?”

Mi mujer me miró aun sollozando. De repente dijo: “Pues tienes razón! No voy a ser yo quien la juzgue!”. Cogió el teléfono de su bolso y llamó a Andra. Su cara cambió de semblante mientras conversaba con ella. La invitación (casi obligación) a casa de sus padres se estaba formalizando. Ella creía que sería bueno para que Andra se olvidara de prejuicios.

Tras tres días que se hicieron eternos para mí, llegó el fin de semana.

recogimos a Andra en su domicilio y nos dirigimos a casa de mis suegros. Durante el viaje todo fueron risas y en ningún momento salío a relucir la condición sexual de Andra.

ya en casa, abrimos las persianas y mi mujer acompañó a Andra a su habitación.

Yo me dirigí a a la piscina para limpiarla y colocar las hamacas.

A los pocos minutos bajó mi mujer vestida con una blusa y un bikini. Traía 3 cervezas (que habíamos comprado en una gasolinera cercana) en las manos. Tras darme una a mí, preguntó por Andra. En ese momento apareció ella. Iba ataviada con un vestido semitransparente que dejaba entrever un trikini. caminaba de manera tímida pero a la vez muy sexy sobre unos zapatos con una pequeña plataforma con tacón.

Tras aceptar la cerveza de mi mujer con una sonrisa, se sentó en una de las hamacas con las piernas cruzadas.

mi mujer estaba entusiasmada. no pudo esperar a que yo acabara de limpiar la piscina, se quitó la blusa y se tiró a la piscina.

“Uf, lo necesitaba!” dijo ella mientras realizaba unas brazadas en la piscina.

¨”vamos Andra!, tírate” espetó a la invitada.

Andra respondió con un amable “no” y una sonrisa.

“Me da un poco de corte”

Mi mujer, que es muy avispada, le respondió guiñándole un ojo: “Vamos Andrita, que mi marido ya lo sabe todo. No te preocupes”

Andra me miró con cara de sorpresa ruborizándose.

Haciéndole un gesto de aprobación con mi mano, indicándole la piscina y con un: “Andra, has venido a disfrutar con tus amigos. no te preocupes”

Tras un momento de duda, Andra dejó la cerveza en el suelo, se puso en pie y se quitó el vestido por encima de su cabeza en un movimiento que me pareció muy femenino.

Entonces pude ver todo su cuerpo con esplendor. Joder! Vaya curvas! Que piernas! nunca se acababan!. Tenía una cintura de avispa que se ensanchaba ligeramente en sus caderas en las que destacaban unas perfectas ingles depiladas acentuadas por la forma triangular de su trikini. Es cierto que se notaba una pequeña protuberancia, pero no mas grande que un poblado monte de venus femenino.

El triquini se estrechaba en su estómago plano, perfectamente cuidado a base de ejercicio, para acabar abrazando sus enormes pechos dispuestos a escapar en cualquier momento de esa asfixiante presión.

que cuerpo tiene “el cabrón”!

Una vez desprendida de sus zapatos y de sus gafas, Andra saltó de forma grácil dentro de la piscina.

En el agua las sirenas se abrazaron en un gesto de camaradería femenina.

Yo seguía a lo mío sin quitar ojo a los juegos y carantoñas que se regalaban ambas.

Salieron del agua y, caballerosamente les acerqué un par de toallas.

Mientras yo secaba la espalda de mi esposa, no podía dejar de mirar las largas piernas de Andra que se estilizaban más aun cuando la veías caminar de puntillas junto a la piscina.

Mi mujer cogió a nuestra invitada de la mano para llevarla hasta las Hamacas, donde, tras brindar con las cervezas tumbaron sus húmedos cuerpos.

Mi mujer, sin dudarlo se quitó la parte de arriba dejándome apreciar sus redondos pechos en los que se podía ver la marca blanca dejada por el bikini (tan line) y unos rosados pezones a los que yo amaba aferrarme.

Andra, la miraba pero no se atrevía a hacer lo mismo, hasta que mi mujer, poniéndole una de sus manos tras el cuello, en un movimiento rápido, logró desabrocharle el cordón del trikini.

Andra, sonrió, levanto su torso y dejó caer la parte de arriba del trikini.

Dios mio! Que globos tiene esta diosa! Eran grandes pero firmes. Sin una marca de bikini ni de cirugía alguna (está claro que tomaba rayos uva y que su cirujano había hecho un buen trabajo). Sus pezones se mostraban duros desafiando la gravedad. Volvió a tumbarse.

Eso me hizo entrar en calor y tuve que quitarme la camiseta.

Mi mujer, no se tumbó. Se quedó embobada mirando a los pechos de Andra.

Se atrevió a tocarlos mientras Andra, con los ojos cerrados sonreía.

Podía ver que estaban hablando, pero no distinguía el contenido de la conversación (aunque se intuía).

Mi mujer pasaba su mano por pechos, bajaba por la barriga y se detenía cerca del pubis. Ambas reían a carcajadas.

En un momento dado, mi mujer acarició con cara de sorpresa el montículo que sobresalía de la entrepierna como preguntándose que se ocultaba ahí.

Andra reaccionó riendo cerrando más las piernas y señalándome con rubor.

Aproveché ese tórrido momento para acercarme disimuladamente a ellas.

Ellas, mientras, hablaban:

“Pero, entonces tienes relaciones?” “Se te pone dura?” Preguntaba curiosa mi mujer.

“Claro!” Contestaba Andra con timidez.

“Pero, pero… Donde lo metes todo? Digo! Como lo escondes?”

Preguntaba Marta sin dejar de acariciar la zona.

“Pues… No se. Con arte y … No es tan grande!” Reía Andra.

Mi mujer hacia gestos con el trikini de Andra como queriendo ver mas. Andra intentaba impedirlo pero, en otro movimiento hábil de mi mujer, logró introducirle la mano bajo la tela a Andra.

“Diós, si que tiene pito” gritó mi mujer llevándose la mano a la boca y mirándome.

“Pensabas que te estaba engañando??!” Respondió nuestra invitada.

Todos esos jugueteos de mi mujer habían provocado que, lo que había sido un sutil monte de venus, pasara a ser algo mas parecido a una tienda de campaña.

Andra se tapaba mientras me miraba avergonzada.

Yo sonreía despreocupado (almenos quería dar esa impresión) mirando la escena.

Mi mujer consiguió que Andra se tumbara poniéndole una mano sobre el pecho mientras conseguía introducir de nuevo la otra dentro de lo que quedaba de bañador.

Andra se aferraba con nerviosismo a la tumbona con sus fuertes manos de largas uñas pintadas de blanco.

Entonces la larga pierna doblada de nuestra invitada que me impedía ver con claridad lo que estaba pasando empezó a relajarse y estirarse, dejándome ver como la mano de mi mujer tenía aprisionado el miembro de Andra ya fuera de la tela.

Mi mujer tenía la cara desencajada mirando aquel espectáculo de carne que había ido creciendo y creciendo desde un inicio poco prometedor (por no decir minúsculo)

“Pero, pero … Hija mía!. Esto ya no se puede esconder!” Decía mi mujer sin dejar de acariciar el rabo de Andra.

Con las suaves caricias de mi mujer, empezaba a despuntar un enorme capullo rosado entre la piel morena de su miembro.

Andra no se movía. Solo miraba la escena, cerrando los ojos de vez en cuando.

Mi mujer me miró, miró mi erección, sonrió y empezó una serie de movimientos ascendentes y descendentes sobre el pene de Andra.

“A ver cuanto puede crecer esto” dijo mi mujer a Andra.

Zap, zap, zap, zap…

Podía oír desde donde estaba yo las sacudidas que intercalaba con caricias sobre los pequeños testículos de nuestro shemale particular.

“Por dios cariño! Andra tiene casi mas polla que tu” espetó la muy zorra. Y no iba mal encaminada, pues calculo que podía medir unos 17 cm de pura carne morena.

Marta no aguantó mucho, y con un simple “con tu permiso amor, tengo que probar el juguete de mi amiga” se situó entre las piernas de Andra y empezó a lamerle el glande.

Andra seguía aferrada a la tumbona, desde donde me ofrecía su espectacular perfil de grandes pechos con los pezones totalmente erectos, su perfecto vientre plano y su enorme pollón apunto de ser engullido por mi mujer.

Marta tenia apretada la base de la polla de Andra, mientras sus labios ya rodeaban la totalidad del glande.

Slup, glup, slup, glup…

Chupaba y chupaba con desesperación (es toda una artista la muy puta), y, sin dejar de hacerlo, me indicó con su dedo índice que viniera hacia ellas.

Tiré la red de limpieza y siguiendo las indicaciones me acerqué a ellas.

Con un empujón en mi trasero, Marta me situó a la altura de Andra, que al verme, me desabrochó los pantalones, metió una de sus grandes manos en mi pantalón, sacó mi polla totalmente erecta y, tras mirarme a los ojos, empezó a lamerla con suavidad.

Su lengua recorría mi glande limpiando todo mi líquido preseminal.

No se que me volvía mas loco, si la cara de Andra lamiendo mi polla o la imagen de mi mujer comiéndole la polla al transexual.

De repente, oí un “gluup” y los gemiditos de Andra se detuvieron. Me giré y vi a mi mujer apoyada sobre las caderas de Andra, con toda la polla metida hasta los huevos en su garganta.

Andra se estremeció, dejo de lamerme pero continuó moviendo su mano sobre mi falo con movimientos espasmóticos.

Sus oscuros pezones se pusieron duros y no pude resistirme a apretarlos con fuerza.

Marta extrajo el miembro, brillante por la saliva, de su boca, respiró y volvió a metérselo entero en la boca.

Eso fue demasiado para Andra que convulsionó bruscamente y lanzó un grito de placer.

Miré a mi mujer que se resistía a separarse de su ágape a pesar de que estaban descargando una gran cantidad de leche en su interior.

Ví la base del pene de Andra hincharse 3 o 4 veces mientras mi mujer lanzaba sonidos guturales.

Yo tampoco pude mas. De mi polla salieron 4 chorros que, en su mayoría, impactaron en la boca de Andra que seguía gimiendo de placer sin dejar de exprimirme.

Mis piernas flojearon y me separé.

Entonces pude ver a mi mujer toser y expulsar semen en grandes cantidades por su boca, siempre sin perder su sonrisa de satisfacción.

Andra se encontraba toda embadurnada de leche, pero sin perder el tiempo se levantó, cogió a mi mujer, la tumbó en la hamaca boca arriba, le separó las piernas con brusquedad e insertó su larga lengua en el coño de Marta.

Mi mujer gemía y parecía resistirse, pero Andra era mas fuerte y estaba dispuesta a hacerla disfrutar.

Yo podía ver la lengua de Andra entrado y saliendo del coño, mientras sus habilidosas manos separaban los labios inferiores de mi mujer, intercalando leves movimientos circulares sobre el clítoris de mi mujer.

Como chillaba la muy puta mientras su amiga le realizaba el mejor cunnilingus de su vida.

Andra estaba desbocada, levanto levemente la cabeza e introdujo dos dedos dentro de mi mujer con las yemas hacia arriba. Entonces empezó a masturbarla con energía.

Andra me miraba y miraba a mi mujer, la cual me apretaba la mano con fuerza.

Al ver todo esto y ya con mi miembro medio recuperado, levante una pierna por encima de mi mujer, situé mi polla frente a la boca de Marta, me agarré a la hamaca y … Empecé a follarle la boca a mi esposa.

Arrrggg, glup, glup, glup…arrrgg

La saliva le salía por las comisuras de la boca.

De vez en cuando la sacaba entera para que pudiera respirar y disfrutar de la paja que le estaba haciendo Andra.

En una de esas, a mi mujer se le ponen los ojos en blanco y arquea la espalda, obligándome a apartarme con un golpe de su mano.

Entonces pude ver, como del coño de Marta empiezan a salir chorros y chorros de líquido que impactan en la cara y las tetas de Andra, que retira sus dedos con brusquedad del interior de Marta provocando mas espasmos incontrolados en mi mujer.

Andra se yergue, y con los fluidos de mi mujer aun en la mano empieza a frotarse su polla mientras amasa sus própios pechos. Parece que el cabron/a quiere mas y así nos lo hace saber.

Levanta a mi mujer, la pone a cuatro patas sobre una de las toallas, se ensaliva la polla, agarra las caderas de Marta y, de un solo golpe, se la mete hasta el fondo.

Mi mujer, tras un gemido, me mira, me sonríe y agarra mi polla metiéndosela en la boca.

Joder! La imagen de esa diosa follándose a mi mujer mientras sus tetas se mueven al compás de las embestidas, me volvió loco. Empecé a follarme la boca de mi mujer mientras miraba a los ojos a Andra (que buena estaba)

Marta me apartó y me dijo (casi llorando de placer): “cariño, fóllate el culo de esa perra”.

Miré a Andra que me sonrió, y me dirigí sin pensármelo a su espalda.

Una de sus manos de uñas perfectas me estaba esperando abriendome el camino a ese perfecto culo respingón . Puse saliva en mi prepucio, apunté a su oscuro objeto de deseo y empecé a metérsela poco a poco. Andra gemía sin dejar de moverse. La mano que estaba en su culo, paso a agarrarme la nuca para que me acercara a sus labios. Nos besamos mientras por encima de su hombro, veía su polla perforando a mi mujer. Su larga y brillante polla entraba y salía sin resistencia de su dilatado coño, mientras yo notaba su estrecho esfinter apretando mi polla.

Que imagen! Dios!

En otro momento de locura, situo mi mano sobre la polla de Andra apartándola de mi mujer, y le ordeno que separe las nalgas de Marta.

Andra obedece pese a las quejas de Marta, mientras yo apunto el lubricado miembro de la invitada al culo de mi mujer.

No sin dificultad, veo desaparecer el glande poco a poco dentro del ojete de mi mujer que lanza pequeños gritos de dolor.

Con mis embestidas sobre Andra, favorezco también que está perfore a mi mujer con suavidad.

El movimiento se convierte en un baile sincronizado de tres caderas.

Zas, zas, zas

Mis manos se sitúan en las enormes tetas de Andra que se mueven al son de nuestras caderas.

Los jugos hacen su trabajo facilitando penetraciones mas profundas en el culo de mi nueva diosa. Cierro los ojos obligado por el placer que esta provocándome la penetración de ese estrecho culo. La sensación de notar sus pezones resbalando entre mis dedos es indescriptible lo que me recuerda que no debo perderme ni un ápice de esta tórrida escena.

Cuando noto que mi miembro va a estallar, situó mis manos en la cadera de mi mujer y aumento el ritmo de mis embestidas.

Inmovilizadas las dos por mis brazos, solo pueden que gritar.

-Aaahhh, siiii, daleee cariño! Noto cuando se la clavas a Andra!

-Follamé el culo cabrón! Quiero que te corras dentro mientras lleno de leche el coño de tu hembra!

Entonces en una de esas clavadas en las que casi meto hasta mi huevos, noto como dos calientes chorros salen disparados al interior del culo de Andra. Mi pene se hincha en cada disparo pese a la resistencia de las suaves pero prensiles paredes anales de Andra. Tras un chillido de placer, la shemale empieza a convulsionarse lanzando su semen dentro de mi mujer, que con dos de sus dedos introducidos en su coño, acaba también gritando mientras se convulsiona de placer. Yo ya apartado de ellas dos puedo ver la escena de Andra, con su culo chorreando de leche, aferrado a las tetas de mi mujer temblando tras las descargas. Marta, por su parte, ensartada por el miembro de Andra, con la cabeza apoyada en la toalla, grita de placer mientras por su piernas resbala una mezcla de semen con fluidos femeninos. Tras unos segundos manteniendo esa postura, ambas caen exhaustas sobre la toalla donde antes habían practicado… amor salvaje entre “amigas”.

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