EL MACHO DESCONOCIDO

EL MACHO DESCONOCIDO
Esperando el autobús, Montevideo Ciudad Vieja, 5 de la tarde. Me saco la campera y la cuelgo en mi brazo, top de licra azul, la minifalda descubre una porción tentadora de mis piernas, y resalta el contorno de mi cintura. Te reparo de reojo en la cola del autobús, unos 20 años, quizás un obrero de la construcción, desalineado, fibroso y varonil. Sorprendo tu mirada enredada en la comisura de mis pechos, recorriendo mis muslos y eso me agrada, me da un espasmo de mujer anhelada. Estas en mi red, tengo tu atención y tu deseo. Es que me encanta la sensación de que me estén apeteciendo. Escurres mi mirada con vergüenza cuando te das cuenta que mis ojos te observan.

Trepamos pegados al colectivo y me rozas la mano detrás de mí en el pasamano como a la descuidada – atrevido me gusta, te sonrío – … pago el boleto y me voy al fondo del autobús – te acercas – siento tu respiración agitada, como el deseo te seca la garganta y no sabes que hacer, pero me seguís al fondo, te regalo otro mohín para estimularte como respondiendo al cortejo que me haces en silencio.

Te doy la espada y me agarro del pasamano, sobre la bajada de la puerta del fondo. Como un autómata vas detrás de mí, lo deleito sin verte. Mi cola que admiras desde que subimos y que no puedes dejar de desear, te ha subyugando y me desnudas con las flechas de tus ojeadas y yo lo disfruto, eso de sentirme sublimemente apetecida y tener un hombre en ardor por mí.

Roce al descuido, tus dedillos, en un vaivén del colectivo se dilatan para acariciar apenas mi espalda, por temor al quilombo que se puede armar si reacciono indignada, pero el deseo es mayor y como me quedo sumisa me manoseas disimuladamente y en un gesto de arrojo en un movimiento del colectivo te prendes de mi cintura con fuerzas, bastó que te mirara y pasara la legua por la comisura de mis labios, entrecerrando los ojos de deseo para desenfrenar tus ansias Tus manos se desliza por debajo de la minifalda hacia mis ancas – yo quietita me la subo –

No lo puedes creer, cuando percibes que me quedo entregada como un a****lito indefenso y hurgas con tu mano en la redondez de mi culo, me murmuras obscenidades al oído y al percibir que mis nalgas se refriega contra tu bulto, que amenaza reventar tu pantalón, lanzas un gimoteo de enajenación libidinosa, los dos sabemos que va a pasar y lo deseamos…

Te dejo hacer, ausculto el cierre de tu bragueta al desprenderse, concibo tu verga caliente contra mis nalgas, – Hay Dios de la voluptuosidad mis ansias y las tuyas – aparto la tirita de mi tanguita y abro las piernas, volcando mi cola en pupa me separo hacia atrás, – eso murmuro, eso – cuando tomo la cabeza de tu verga y la refriego inquieta en el orificio de mi culo y te siento topetear por penetrar dentro mío, me ensalivo la mano y froto tu glande, tu lo escupes y lubricas el pene y le das acomodo sobre mi agujerito y yo presiono guindola con mi mano… – eso, eso así – soy yo que me ensarto en ella, dios que divina sensación muero y vivo de deseo… la siento deslizarse dentro mío, abriéndome, dilatando mi esfínter y llenando mi recto, lanzo un gemido de dolor y placer por el picor de tu miembro dentro mío.

Mmm comienzas un mete y saca delicioso yo al borde de los orgasmos… deliro y me muerdo los labios para ahogar mis gemidos, una pasajera nos mira atónita y curiosa, como una cómplice, desde el asiento del fondo y escucha mis gritos apagados y tu abriéndome, dilatándome como una flor que se abre al sol eternidad de placer soñado…

Como esperaba esto, te acomodas y me la incrustas con desesperación, tu verga toda hasta los huevos de un solo sablazo, sublime, torturante, frenético entras y sales del agujero de mi culo, cogiéndome con un ritmo delirante.

Mi cuerpo tiembla de placer, te gozo, te gozo… ingresa, se desliza y sale en oleadas de placer que me da el ritmo y las sensaciones, hembra sometida a los bajos instintos de un macho, fuente de placer. Eso soy.

Ni una palabra, ni un gesto de amor, solo un semental sometiendo una fémina, y yo, gozando y sufriendo, gozando, tu pene delicioso que juega en mi recto produciéndome congestiones de placer en las acometidas. Me acabo en espasmos de delectación..

La mujer del fondo nos mira con una sonrisa consciente de nuestro placer y lo disfruta, quizás soñó siempre con algo así y no se atrevió.

De pronto aprecio que tu miembro se estremece como un ligamen y corre por la cavidad de mi culo un manantial de esperma que inunda de tibia leche mi colita, que placer, como me alivia, un orgasmo breve pero de una intensidad que dobla mis piernas que apenan me sostienen me recorre la espina dorsal y tiemblo toda, bien adentro, el borbotón de leche me inunda, apretó y dilato mi esfínter con lo que me quedan de fuerzas y mi orificio te saca toda la leche, me das hasta la última gota dentro mío.

Mientras tus manos me aprietan por la cintura… has terminado en mí. Me duelen las tetas de tanto sobado… Mmm, me desangro en placeres, una sensación de ser disfrutada por ese miembro palpitante, y mi culo ardiendo de dolor y goce.

Recién te miro bien, un muchachote grande, ni lindo ni feo, pero con una verga deliciosa, te doy un beso te digo – gracias papi, – y mi sonrisa te sacude mientras paso la mano por tu pecho y te tiro los pelitos, toco el timbre y bajo en la próxima parada, por vergüenza y para terminar abruptamente esa relación furtiva, ya que me faltados paradas. Estoy agitada y mareada.

Te quedas mirándome atónito y te das cuenta de que yo tuve la iniciativa, que yo te cogí, y es quizás lo mejor que te paso en la vida, que cuando lo cuentes no te van a creer.

Yo te tiro un beso y me alejo, cimbreando mi cintura, dolorida y agotada por los orgasmos rumbo a casa, contenta feliz y con un hilo de leche corriéndome hasta las rodillas entre las piernas.
Maria Marta

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