Nuestro primer trío

Nuestro primer trío
Todo comenzó con un amigo mío de la infancia, que éramos vecinos y compañeros de colegio. Cuando éramos niños empezamos con los jueguecitos normales de tocamientos y cosillas así (tendríamos 6 ó 7 años) y de ahí pasamos a hacernos pajas los dos, que también hacíamos con otros compañeros de cole en grupo, pero cuando estábamos él y yo a solas hacíamos algo que con los demás no hacíamos y era que nos tocábamos mutuamente y con mucha frecuencia la paja se la hacía el uno al otro. Con el paso del tiempo fuimos enriqueciendo estas actividades y pasando por el sexo oral hasta llegar a besarnos. Lo único que no llegamos a culminar fue la penetración, pero sí lo intentamos; lo que ocurre es que éramos muy jóvenes y muy pardillos y, como es lógico, sin lubricación es muy difícil y doloroso penetrar un culo, por eso no llegamos a hacerlo. Como digo, empezaríamos con unos 6 años y la última vez que estuvimos juntos en la cama él y yo (que ya hacíamos algo más que tocarnos, lógicamente) fue con 18 años, poco antes de conocer a Marina.

Conocí a Marina y aunque seguía con mi amistad con Luis (que se llamaba Luis), ya dejamos el tema sexual. Pero yo siempre he sido muy sincero con Marina y ella sabía que había tenido relaciones sexuales con Luis, al cual ella también conocía. De hecho, le dije que siempre habían sido muy satisfactorias y que a mí me gustaban también el sexo con hombres, no se lo oculté. Ella se quedó un poco extrañada, pero no dijo nada y posteriormente, quizá ayudada por el morbo, me dijo que lo comprendía y que no le importaba. Y así estaba la cosa. Siendo novios y luego, recién casados, algunas veces salíamos con Luis y con algún ligue que tuviera, pero ya casados, él iba mucho a nuestra casa porque además él y yo teníamos en común nuestra gran afición por la música, principalmente el rock. No tuvo novia en esos momentos, porque estaba muy centrado en sus estudios, por lo que era frecuente que viniera a casa a pasar alguna tarde. Pero también era frecuente que se nos hiciera muy tarde charlando, bebiendo, oyendo música, etc. y acabara por quedarse a dormir en nuestra casa.

Marina y él tenían también bastante confianza, aunque no le dijo que ya sabía que se había acostado conmigo; esa confianza llegaba hasta el punto de que, si se quedaba a dormir, al día siguiente se duchaba y salía de la ducha en pelotas para ir a la habitación sin ningún tipo de pudor aun sabiendo que Marina le iba a ver. Pero es que esto también ocurría a la inversa, o sea, ducharse Marina y salir de la ducha desnuda y él verla. Pero siempre de forma accidental. Bueno, lo de la “accidentalidad” es un decir, porque la verdad es que cualquiera de ellos podía salir de la ducha tapado con una toalla, pero no lo hacían. De todos modos, fue muy de vez en cuando. Y también si venía a casa en verano, nos poníamos cómodos y con mucha frecuencia Marina llevaba algo muy ligero y que no ocultaba demasiado sus encantos, cosa que a Luis seguro que no le m*****aba en absoluto. Las bragas de Marina las ha visto infinidad de veces… aunque su chochete ya las había visto, así como sus tetas, en las ocasiones de la ducha.

Y así estaba la cosa, cuando un día, siendo verano, vino Luis a casa y, como de costumbre, nos liamos a charlar de música principalmente. A Marina le dio sueño y se acostó, con lo que nos quedamos solos él y yo. No sé cómo, pero la conversación derivó a lo sexual y comentamos lo que hacíamos cuando éramos más jóvenes. Quieras que no, nos excitamos y como sólo llevábamos unos pantaloncitos cortos y una camiseta, se nos notó rápidamente la erección y en mi caso además una significativa manchita, porque yo soy muy de lo que llaman “precum”, o sea, enseguida suelto el líquido preseminal. No hizo falta más, nos bajamos los pantalones y empezamos a tocarnos, chuparnos y besarnos, hasta que ambos nos corrimos.

Al día siguiente, yo se lo dije a Marina, ya digo que entonces no tenía secretos con ella, y le pareció bien. Incluso me preguntó si habíamos disfrutado, cosa que corroboré cuando le dije que ambos nos habíamos corrido. Esa misma tarde, después de comer, nos sentamos los tres a ver la tele y estábamos en el sofá yo en el centro, Marina a mi izquierda y Luis a mi derecha. Y no sé cómo (o quizá sí) la conversación también fue derivando al terreno sexual. Total, que al rato tanto a Luis como a mí ya se nos notaba el típico bulto en el pantalón, especialmente a Luis que, lo reconozco, tiene la polla más grande que yo. Marina lo notó y ella empezó a ponerse también un poco excitada, yo creo que ahuecaba más el escote para que se le notaran más o, incluso, que se le vieran un poco más las tetas.

Aquello no podía durar más, pero, claro, ni ella ni él se atrevían a dar el primer paso y yo lo entiendo, así que tenía que ser yo. Ni corto ni perezoso propuse directamente que nos fuéramos los tres a la cama y no precisamente a dormir. Noté que Luis se quedó un poco tenso, como si no lo esperara, y en ese momento intervino Marina oportunamente diciendo que suponiendo que a él le quedaran ganas después de haberse corrido conmigo. Eso sí que no lo esperaba, se quedó muy cortado, pensaba que Marina no sabía nada. Ella le tranquilizó diciéndole que había sabido siempre que había tenido sexo conmigo y que le parecía bien

De todos modos, como la cosa no había pasado de las palabras y deseando entrar en acción cuanto antes, yo me puse en pie, me bajé los pantaloncitos, dejé mi polla al aire y me volví a sentar. Como parecía que no reaccionaban, cogí la mano derecha de Marina y la izquierda de Luis y puse ambas en mi polla. Entonces sí que empezaron a acariciarme y a tocarme. Le di un beso en la boca a Marina y me volví para darle otro a Luis, pero en un principio me hizo la cobra… aunque enseguida y viendo que era una tontería, pegó su boca a la mía y jugamos con las lenguas. Después de los besos, me volví a levantar y dije que me iba a la cama, que me siguiera el que quisiera… y vinieron inmediatamente detrás de mí. Pasamos un momento por el baño para asearnos y yo fui el primero en tumbarme en la cama boca arriba con la polla tiesa, ellos se quedaron en el baño desnudándose y empezaron a tocarse entre ellos tímidamente. Enseguida vino a la cama Marina y empezó a comerme la polla mientras esperábamos al tercero en discordia. No tardó mucho en entrar y cuando lo hizo a Marina se le hicieron los ojos chiribitas al ver su preciosa y gran polla. En cuanto se tumbó en la cama con nosotros, Marina me dejó a mí y se dedicó a él, se la chupó, se la comió, le hizo de todo, mientras él tocaba y estrujaba sus tetas. Parecía que ambos pasaban de mí, qué cabrones. pero no, enseguida Marina nos pidió que nos chupáramos nosotros el uno al otro en un 69 porque le excitaría mucho vernos y, como es lógico, enseguida obedecimos. Ella nos miraba mientras se masturbaba, pero finalmente se detuvo y nos pidió que la folláramos.

Se la metí yo primero, más que nada porque si la follaba primero Luis, después no se iba a enterar cuando la mía le entrara, así que la follé mientras nos besábamos los tres por parejas o los tres a la vez hasta que me vacié dentro de su coño. Cuando me tranquilicé, Luis se puso encima de ella y entre lo excitada que estaba y la lubricación de mi semen se la clavó hasta el fondo. Mientras yo les atendía como podía tocando las tetas a Marina, tocándole el culo a él, besando a ambos… hasta que finalmente ella se puso a gemir… qué digo gemir, a gritar prácticamente, con un orgasmo espectacular, que, aunque luego repitió muchas veces con él, yo creo que esa primera vez no la ha olvidado nunca.

Él no necesitó más, cuando apenas había dejado de gemir Marina se corrió también dentro de su chocho… Cuando acabó, se tumbó boca arriba con la polla aún bastante tiesa, cosa que yo aproveché para hacerle un poco de limpieza con la boca, claro. Marina estaba chorreando, goteaba la lefa por su coño. Estuvimos un rato relajados y enseguida Marina empezó a toquetear y jugar con nuestras dos pollas hasta que ocurrió lo inevitable, enseguida nos puso otra vez firmes y dispuestos. Total, que la follamos por segunda vez ambos. Parece mentira la cantidad de lefa que puede caber dentro de un chocho.

Y así fue nuestra primera vez, con una doble sesión de follada, que no fue la única. Generalmente la follábamos los dos y punto, pero fueran bastantes las ocasiones en que se llevó cuatro lefadas. Incluso hubo una vez que llegamos a echarla tres polvos cada uno, pero sólo una vez.

Y así fue nuestra primera vez. Luego vinieron muchas más y en todas ellas disfrutamos los tres como posesos.

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