Irene el traviesa de la vecina recatada

Irene el traviesa de la vecina recatada
Recuerdos de una historia antigua.

Irene en la época tenía que tener alrededor de 40, 42 años de edad, una viuda, un poco cambió al apartamento al lado. Madre de una pareja, el niño mayor y la niña con sus 16 años, también fue un caso que tuvimos. Digo que teníamos porque envolvió a la madre con quien tenía un caso.

En el principio no le di mucha atención, no aparentaba nada demasiado como mujer, siempre conversaba sobre asuntos serios, tenía posiciones conservadoras con las cuales mis padres concordaban.

Pero el tiempo fue pasando, más de año que vivía al lado y poco a poco aquella rubia falsa, de rostro redondeado, pechos ni tan llamativos y culo pequeño, se mostró más abierta de lo que imaginaba. No era siempre, pero fui percibiendo un doble sentido en lo que hablaba, había indirectas no para mí, sino para otros hombres con los cuales ella convivia.

No sé si sentía falta del marido o si sólo demostraba que ni tan conservadora así era. Pero continuaba con sus posiciones recriminando las actitudes modernas de los jóvenes de entonces – lo que era extraño, pero era así que era Irene. Dos mujeres de opiniones contrarias viviendo en un solo cuerpo.

Por lo menos era visión que pasé a tener después de un tiempo.

Por esa época descubrí que Irene tenía una habilidad para cortar el pelo, mi madre pasó a cortar con ella, era cómoda, fácil, no tardó mucho y ella se ofreció para el corte de los cabellos masculinos.

– No tengo mucha práctica, pero si quieren, también lo hago.

Aceptamos, no era tan habilidosa como los profesionales, tardaba más que lo normal, pero la facilidad de salir de casa para una cosa así hizo que los hombres de mi familia pasas a utilizar de sus servicios.

Fue entonces cuando empecé a percibir y desear esa cuarentona. Había mi novia, pero allí las cosas en el asunto sexo eran más complicadas, debido a la educación conservadora de Fátima había poco o casi nada más que algunos cariños más calientes dentro del coche.

Tenía una voluntad reprimida y una mujer que en determinados momentos pronunciaba frases de doble sentido, llenas de posibilidades. No estaba casada, no parecía caliente – no despertaba un deseo fuerte, una voluntad loca. Pero se encendió una llama de ver lo que ella haría en la cama.

Se quedó en eso unos tiempos, claro no tenía coraje de llegar a una mujer así, aunque empezó a masturbarme pensando en ella, había otras, pero ella estaba ocupando espacio en el mundo solitario y pervertido de mis instintos.

¿Imagino que lo mismo se dé con las mujeres, o no?

Un viernes cuando iba al encuentro de Fátima, al abrir la puerta del apartamento encuentro Irene también saliendo. Estaba en un vestido azul vivo que le definía el cuerpo, por primera vez le vi las piernas sensuales. Era un tipo de mujer que se transforma completamente incluso sin mucho esfuerzo. Bastó arreglar el peinado y usar una ropa más llamativa, quedó interesante porque no atractiva.
– ¡Hola!
– ¡Hola!
– ¿Dónde vas? ¿Vas a encontrarse con la novia?
– Sí, vamos a un cine.

Vamos descendiendo escaleras en esa conversación social. Deszo admirando su manera aunque con cuidado para que ella no se dé cuenta. Cuando Doña Irene me pregunta si …
– … importa de dejarme en medio del camino, va a Boa Vista, ¿no?
– ¿Si porque?
– Estoy atrasada, me quedé sin coche el Beto (hijo de ella) fue a la universidad.
– Sin problema me llevo la señora.

Dirijo prestando atención al tránsito y también en los muslos de Irene, aunque en la oscuridad del coche me imaginaba más de lo que le veía las piernas. Una hora al pasar a marchar la mano va contra los muslos … Fue sin querer o no? Hecho es que veo en su rosto una sonrisa de quien entendió un recado.
Al parar en una señal de tránsito, me quedo con la mano sobre el cambio y fue entonces que sin decir una palabra ella pone tu mano sobre la mía. Mi corazón dispara, no esperaba tal reacción tan descarada, aún más cuando iba a encontrar a Fátima. Sonrisa cruzamos los dedos sobre el cambio hasta el momento en que la señal verde aparece, no faltaba mucho para llegar a la calle donde Doña Irene iba a quedarse.

Paro el auto, ella abre la puerta:
– Gracias Júlio.
– De nada.

Ella mira de pronto y me besa en la mejilla. No decimos nada, el gesto decía todo.

Con ella no siempre era posible una conversación sin testigos, por eso quedamos sin hablar o mostrar lo que queríamos. Poco nos vimos también. Sin embargo …

Días después surge la oportunidad, coincidencia o no, allí estaba ella a salir de casa y yo también sólo que ahora iba a ver una película, era el comienzo de la noche de un sábado. Estaba en una pelea con Fátima por lo que salía solo. Una vez más llamativa Irene, usaba un conjunto rojo vivo, justo, como el del otro día.
– ¿Saliendo?
– Voy a un cine.
– ¿Va con la novia?
– Voy solo.
– ¿La relación está en crisis?

Balanceo la cabeza y ella sonríe.
– ¿Quieres carona doña Irene?

Yo todavía hablaba con esa formalidad con ella.
-Yo estoy de nuevo sin coche, me deja en el camino?

Pienso antes de hablar viene a la memoria la noche en el coche. Intento controlar el cariño que pasé a tener por ella, siento un agito en medio de mis piernas, sin mi control.
– Por supuesto.

Dirijo tratando de no dar la cara, hablo de otros asuntos, pero ella insiste en hablar de mi relación con Fátima, de la suerte por tenerla como novia. Que necesito ser cuidadoso con la dignidad y la decencia de la chica. Voy oyendo eso dirigiendo hacia el lugar que ella me indicó y cuando llego creyendo que la conversación acababa allí, me sorprende una pregunta inesperada:
– ¿Va al cine? ¿Solo?
– ¿Si porque?
– ¿No prefiere una compañía a quedarse solo una sala de cine?
– Sí, pero no voy a llamar de Fátima, no hoy.
– Entonces …

Habla cambiando de posición en el asiento del coche …
– … entonces ¿Por qué no me invita?
– ¿Dónde, dónde quieres ir?

Abro la puerta, Irene entra con una mirada curiosa.
– Hace tiempo que no vengo aquí. Vino cuando mi marido era vivo.
– ¿Venía mucho con él?
– ¿Quién dijo que era sólo con él?

Ella se ríe de lo que habla, hace que se mueva la cabeza de una manera traviesa y se sienta en la cama redonda cruzando las piernas, admiré las piernas ahora son las rodillas que se destacan.
– Me sirve una bebida. Ver si tenemos vodka.

Examino y encuentro una botella, pongo la bebida en un vaso.
– Pone hielo, pena que no tiene limón.

Entrego ella bebe en un trago mitad del vaso.
– Toma también. Es bueno para relajarse.

Ella se reclina colocando los codos sobre la cama.
– Tira mis zapatos por favor.

Me siento de rodillas delante de ela, seguro el tobillo y tiro un zapato. Ella pasa el pecho del pie en mi cara, siento mi pinto adquirir vida.
– Sirve más, quiero una noche loca, no quiero recordar nada.
Busco la botella y completa lo que falta … ella bebe casi todo … Yo bebo de la misma taza el poco que queda. Sus ojos son cada vez más brillantes y la protuberancia en mi cintura no se esconde más.
Sacana ella extiende la mano y aprieta la elevación en medio de mis piernas.
– Me gusta así, hermoso … ver a un hombre así. Aún más usted.

Desciende la mano por el muslo.
– Viene … saca mis bragas.

Una vez más me siento de frente, ella todavía apoyada en la cama por los codos, la falda justa estorba, pero ella ayuda tirando de la ropa para que las manos puedan entrar y conocer la carne blanda de sus muslos, abre más y las manos se hunden en ese mundo nuevo que son sus piernas.

Llego la braga percibo por el toque que es rendida y mínima. Aprieto su cintura con las dos manos, ella suelta un leve gemido …
– Usted, usted no puede hacer eso con ella …

Hago cara de quien no entiende.
– Fátima …, con ella no puedes.

Con la palma de la mano aprecio el toque de las bragas mínimas, llego a los pelos siento algunos perceptibles al tacto, mezclados con el tejido rendido y el calor que comienza a brotar …
– ¿Es virgen no es?
– Sí.
– Usted necesita respetar …

… su discurso es llorosa, arrastrada, lasciva. Siento me verga crecer más dentro de los pantalones m*****o, pero eso aumenta la voluntad.
– Los hombres necesitan, la gente sabe, pero no con quien se va a casar, ¿Usted entiende?

Desço a mão entre suas pernas e passo os dedos num fio grosso que vai ficando a calcinha rendada preta de Irene, sinto a úmida que brota.
– ¿Por qué?
– Porque la mujer, la niña, debe preservarse para la boda.
– Las cosas cambiaron, los tiempos son otros.
– ¿Pero no puede! ?Necesita respetarla, necesita … Aahhnn !! …

Comenzando a meter mis dedos en el medio de la coño de mi vecina anticuada, abusado voy tanteando su intimidad..
– Aahh !! … respetar a los padres de la muchacha.
– Nunca hicimos sexo, pero ya hubo un clima: voluntades, caricias …
– ¿Tocó? ¿Bolinó a la muchacha?

Hago un sí y mis dedos se lamen en el coño mojado y caliente de Irene.
– No puede.
– ¿Y cómo yo hace entonces?
– Hace con otra, tiene tantas …

Ella tira definitivamente de la falda hasta la cintura, echa por completo en la cama sus ojos están en el techo reflejado de la habitación, quito las bragas negras.
– Usted puede elegir … tiene tantas dispuestas por ahí …

Habilidosa se gira lo suficiente para abrir la cremallera. Yo tiro la falda, aprecio a Doña Irene, es hermosa la visión de su cuerpo desnudo. Admiro su coño, escondo los dedos en sus pelos, ella empina el cuerpo.
– No me gusta hacer con cualquiera, prefiero … prefiero conocer a la persona. Aún más en los tiempos de hoy, esas enfermedades todas … el SIDA.

Ella se ríe, su mano encuentra la mía en medio de la coño, entrelazamos los dedos junto con sus pelos, ella me guía hacia la entrada de la de la cueva carnuda.
– Así no sobran tantas …
– Pues es y cómo lo hago? Necesito encontrar quien me ayude.
– Quien sabe a alguien más discreta que sepa ‘aliviar’ a un hombre.

Mis dedos se hunden, el coño mojado facilita mi acción empieza a masajear por dentro, conociendo su íntimidad. Su mano busca la mía que ahora le aprieta la cintura.
– Aannnhh !!! Aannhh !!

Ella tapa la boca con la otra mano, para sofocar el gemido, me pongo dos dedos y hago un movimiento masajeando en la búsqueda de su placer. Ella levanta las piernas abiertas, se queda con las rodillas a la altura de mi pecho, luego cruza a mi espalda, me abraza con las piernas. Su gemir aumenta.
– Uunnhhh !! Uuunnnnhhh !!!
Las manos se cierran agarrando el satén de la sábana de la cama.
– Me coge, por favor no lo hace conmigo, me folla.

Ella se ríe, ella llora … balancea la cabeza como loca aún sosteniendo la sábana.
– Me folla, aannhh …, antes que yo …

Paro, en desesperación abajo como puedo los pantalones y entro … me pongo todo, todo en el fondo de esa loca. Me mudo el cuerpo con fuerza, contra las carnes blandas de Doña Irene.
– Uunnhhhhh !!! …. Uuunnhhhh !!! UUUuuunnnhhhh !!!

Irene geme alto, grita alto …
– Su hijo de puta caliente, travieso es lo que necesitas, hazlo conmigo solamente conmigo…

Mejorar mi posición y seguro Irene por las caderas, la mitad de su cuerpo está en el aire, nuestros cuerpos se tromban, haciendo un ruido sordo … seco … rítmico …
– AAAnnhh !!! AAAAnnnhhhh !!! AAAnnnhhhh !!!

Eyaculo, lanzo chorro caliente, blancos en el coño, dulce .. caliente de esa mujer anticuada.
– Tu puto, no me esperó … gozó antes de mí …

Yo acostado en la cama y veo que ella trabaja con los dedos frenéticos que abren y entran en las pieles y los pelos de la coño – golpea … golpea desvergonzadamente delante de mí, mirándome a los ojos.

Sus movimientos son frenéticos, locos – ella gime, grita, llama:
– Me besa … me chupa …

Ella habla eso llorosa. Pongo mi lengua y siento el deseo y la tensión que está falta muy poco, parece que va a estallar como un volcán … sus dedos locos trabajan la vagina, el coño – ella grita, gritaaa dentro de mi boca …
Despegamos …

Deja tu cabeza en mi hombro respirando jadeante … sudada … mojada …
– Hace tiempo que no hago así.
– Nunca lo hice así.
– Cuando necesite me llama, quien sabe de vez en cuando la gente se encuentra, y así usted preserva a Fátima. No sé por qué tanta preocupación con Fá, pero con certeza con ella no lo haría, no ahora, estoy de acuerdo con la cabeza.
– Ay, nuestra …

Se sienta sentado en la cama.
– …Necesito una ducha.

Todavía hicimos una vez más aquella noche, el tiempo vuela más de lo esperado, pero desde allí dueña Irene, quiere decir Irene se convirtió en una fuente de ‘alivio’ para mí. Creo que fui lo mismo para ella.

Sin embargo, no cambió el comportamiento y las palabras de Irene, mi pervertida vecina recatada.

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